Nueva Oficina en Corea, Déjà vu en Hainan y Pescado

¡Hola a todos!

Por fin se acabó otra intensa temporada de viajes por el mundo. Hemos estado viajando casi dos meses y hemos visitado ocho países en total: República Dominicana, Brasil, Chile (Patagonia), Arabia Saudita, Italia, Alemania, Corea y China.

La segunda mitad del viaje fue bastante dura, un sprint final al que no estábamos acostumbrados. Reuniones, charlas y desplazamientos constantes desde el punto A a B y luego a C…, y casi sin pausas, aparte de dar un pequeño paseo al final del día. ¡Todo esto durante dos semanas seguidas! En serio, estaba quemado, normalmente el ritmo frenético lo aguanto bastante y soy muy vital, pero al final de las dos semanas todo me parecía poco interesante, irritante o ambos a la vez. Hay que añadir un poco de jetlag, que en el tiempo pasó de ser una “enfermedad” en fase aguda a un trastorno crónico… necesitaba un periodo de pausa. Por suerte pude relajarme en Hainan, la estupenda isla china que se encuentra a 30 kilómetros de la costa. Estuve ahí una semana; en serio, no sabéis cuánto lo necesitaba y cuánto disfruté de la estancia.

En realidad tardaría muy poco en hacer un resumen de esta última temporada de viaje. Aparte en Patagonia, casi no tuve tiempo para hacer turismo. Bueno, brevemente…

Empecé con un viaje intercontinental de Frankfurt a Seúl. En Corea del Sur, entre varios temas de trabajo muy interesantes, ¡puedo señalar nuestra visita a la nueva oficina de Kaspersky Lab! Estéticamente hablando, no es tan bonita como me gustaría, ¡pero es muy funcional y súper limpia! Todavía no trabajan muchos empleados y en el momento en que llegué, todos estaban fuera de la oficina por asuntos profesionales, así que sólo pudimos “examinar” a las guardias de seguridad. La única persona a la que tuvimos la oportunidad de conocer fue al office manager, al que no le gustan para nada las cámaras. Eso explica la falta de fotos con personas en el artículo de hoy…

Y al final llegué al hotel Marriott de Sanva, en Hainan.

La verdad, sentí un poco de nostalgia cuando me registré en el hotel. La primera vez que estuve ahí fue exactamente hace cinco años, para una de las conferencias de nuestro colaborador APAC, y luego un par de veces más. Parecía como si nunca hubiera dejado ese sitio.

Ningún cambio en absoluto. El sol brillaba con la misma intensidad, el mar estaba a la misma temperatura, los cócteles tenían el mismo sabor de entonces… incluso las sombrillas y las tumbonas eran las mismas… Me pareció que sólo las palmeras habían crecido un poco. Bueno, como ya he dicho, todo me parecía muy familiar, pero no es una queja. Cuando algo es familiar te resulta más agradable.

Los restaurantes de mariscos eran absolutamente increíbles.

Oh, Dios mío.

Estos restaurantes se encuentran a pie de playa debajo de las palmeras, te puedes sentar en las mesas al aire libre o en la sala (a los chinos les encanta). El BYOD aquí es posible también: no, no estoy hablando del “Bring Your Own Device”, o sea la costumbre de los empleados de utilizar sus propios dispositivos también en el trabajo, sino del “Bring Your Own Dinner”. En dos palabras, ¡cada uno trae aquí su comida! Comprando marisco o pescado en el mercado local (para esta tarea, mejor tener la ayuda de algún autóctono), luego puedes traerlo a uno de estos locales y ahí lo cocinan para ti y te lo sirven. Cangrejos, langostinos, tipos desconocidos de pescado, moluscos no identificados y otras delicias del mar. En una palabra: aaaaaahhhhh.

Todo el pescado se fríe o se cocina al vapor y luego lo sirven con especias y salsas increíbles. Unos sabores tan intensos que hacen reír y llorar al mismo tiempo. Y luego todos los turistas, acostumbrados a pagar mucho dinero, se ponen a llorar de alegría cuando llega la cuenta. ¡¡¿¿En serio pagar tan poco  por todo eso??!! No voy a dar más detalles sobre los precios… tienes que verlos con tus propios ojos y empezar a llorar de alegría tu también.

Si decidís alguna vez de viajar por esta zona no sólo por la comida y las playas, sino también para hacer turismo, te recomiendo ir a… no sé cómo llamarlo. Se trata de un parque budista absolutamente precioso que se encuentra en una colina y rodeado por piedras enormes (Dongshan Ling).

En media hora se llega a la cima de la colina. Para subir a veces hay escalones, a veces túneles a través de los cuales se pasa por pequeños templos budistas y ceremonias del té. Todo muy agradable; lo recomiendo sobre todo si tenéis 5 o 6 horas libres a tu disposición. Desde Sanya se tarda una hora/hora y media en coche (depende si el conductor es prudente o no) y luego hacen falta dos o tres horas para dar un paseo y mirar las maravillas budistas y de la naturaleza. Merece la pena.

Como ves en las fotos, no tuvimos mucha suerte con el tiempo, pero al final fue una visita muy agradable. Me imagino el espectáculo en un día de sol y con muchos más turistas chinos (había bastantes pero a pocos se les apeteció llegar hasta la cima).

El traductor online no funcionó bien, ¿verdad? ¿Te atraves a traducirlo?

Puedes encontrar el resto de las fotos en mi página de Flickr.

Esto es todo, de momento. ¡Hasta la próxima!

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